jueves, 27 de agosto de 2009

CASI NADA

Hace poco, al mediodía, éramos cinco personas comiendo alrededor de una mesa redonda, en condición de iguales gracias a una conversación amena para todos, cuando de pronto un comentario nos hizo desaparecer sin dejar rastro alguno de nuestra existencia. Nos borró, nos eliminó objetivamente y sin pasión con una hipótesis que partió de un error. Fue una frase inocente de mi abuela, risueña, medio sorda, consciente de que todavía tiene cuerpo porque no hay zona que no le duela. Dijo, haciendo algo semejante a unos estiramientos para aliviar las cervicales: "Yo creo que por aquellos entonces de mi juventud, cuando participaba en concursos de saltar zanjas, es cuando me rompí el cuello" Y mi tío, riéndose de la transcendencia del comentario, contestó: "Madre, si usted entonces se hubiera roto el cuello, ninguno de nosotros estaríamos aquí, ni habríamos tenido el placer de conocernos entre nosotros y a nosotros mismos"
Mi primo de ocho años, el de quince, y yo, nos miramos, asustados. "Es verdad..." De pronto se hizo terroríficamente palpable la posibilidad de que ninguno de los presentes hubiés sido absolutamente Nada. No vida. Excepto ella, que habría aguantado solo hasta el salto fatal. Contemplamos entonces a la abuela, que seguía con la curva de su sonrisa anclada en su juventud, sin oírnos ni mirarnos ni entender por qué, aquel día, el abrazo que le di a mi abuela fue quizás demasiado fuerte para sus cuarenta y siete quilos de huesecillos.

lunes, 17 de agosto de 2009

PENA

Kedaría hoy con kien sea ke no kiera akaparar su oskuridad, que sea un fiel amante de sí mismo, que converse con su ego en soledad, que observe sin ser visto desde la calle más grade los pasos de los demás, y tras darse la razón para él solito, que vaya a destrozarse un poco... Porque igual que a veces quiero amar, hoy busco un juguete roto que entienda mis ojos llorosos porque él y yo, él y yo, nos dejamos usar por los otros y viajamos sin rumbo, queriendo arreglar el mundo, rumiando hasta el desgaste los buenos momentos que tuvimos porque un día estuvimos atentos. Hoy se cierran los ojos, se pegan, resecos, sólo suena, como un bombo, nuestra voz, que es sólo un eco de recuerdos a trozos, porque él y yo, él y yo, nos sentimos morir con vosotros, e igual que a veces puedo amar, hoy soy un juguete roto...